Montenegro, Abad y Carrancio: el triángulo para descomprimir la ebullición interna

El regreso de Montenegro al Palacio Municipal abrió una nueva etapa política en Mar del Plata. La decisión de mencionar al radical Maximiliano Abad y al libertario Alejandro Carrancio no pasó inadvertida y puede leerse como una señal de la ingeniería que empieza a tomar forma para sostener la gestión en un escenario atravesado por la inseguridad, el desempleo y una temporada decisiva. La pregunta es cuánto durará esta alianza y quiénes se quedarán
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Guillermo Montenegro volvió a ser el intendente y lo hizo con una señal política que difícilmente pueda leerse como una casualidad. En su primera aparición pública tras dejar durante 10 meses su banca en el Senado bonaerense, el jefe comunal no solamente habló de seguridad, empleo, temporada y gestión, también mencionó a dos dirigentes que aparecen como piezas relevantes para el escenario que viene. Maximiliano Abad, Senador Nacional de la UCR, y Alejandro Carrancio, Diputado Nacional de La Libertad Avanza, fueron parte de su discurso. En tiempos donde cada foto, cada ubicación y cada nombre mencionado construyen una señal, la referencia a ambos parece anticipar una arquitectura política con la que Montenegro buscará transitar los meses que quedan hasta 2027.

Montenegro vuelve a una ciudad atravesada por problemas que exceden largamente la discusión interna de los partidos y que pueden convertirse en el principal termómetro de su segundo mandato. La inseguridad aparece como el frente más urgente, pero detrás de ella se encuentra otro problema estructural, el empleo. Y ambos fenómenos empiezan a cruzarse en un escenario económico delicado, con una temporada de verano a las puertas y con empresas históricas de la ciudad atravesando situaciones críticas.

El caso Toledo es uno de los mayores interrogantes. La cadena de supermercados atraviesa una situación financiera delicada y las versiones sobre una eventual venta total o parcial de la empresa mantienen en vilo a sus trabajadores. Podría involucrar a alrededor de más 1.500 trabajadores más todos aquellos que trabajan de manera indirecta con la empresa. Una eventual pérdida masiva de puestos de trabajo representaría un golpe directo para una ciudad que ya enfrenta dificultades en materia laboral y que debería absorber el impacto social de cientos de familias con ingresos en riesgo.

El desafío para Montenegro no será solamente conseguir inversiones o defender la generación de empleo privado, como planteó al regresar al Ejecutivo, sino evitar que la pérdida de puestos de trabajo profundice un escenario de vulnerabilidad que termine trasladándose a las calles. En una ciudad donde más del 90% del empleo es privado, según el propio intendente, el margen de acción municipal pasa necesariamente por generar condiciones para que la actividad económica no se siga contrayendo.

A ese panorama se suma la prueba inmediata que tendrá Mar del Plata con el próximo fin de semana largo. Será mucho más que un movimiento turístico de cuatro días, funcionará como un anticipo de lo que puede ocurrir durante el verano y como una señal para uno de los sectores que históricamente sostuvo la identidad económica de la ciudad.

El intendente se licenció del Senado para ponerse nuevamente al frente de una problemática que, según reconoció, considera grave, la inseguridad. Los robos violentos, la sensación de indefensión, el desorden político interno y la reiteración de episodios delictivos colocaron a la seguridad en el centro de la agenda y obligaron a la gestión municipal a asumir un rol más activo. Montenegro lo sintetizó con una definición que marca el tono de su nueva etapa: “Es con resultados, no con fotos”.

Policía Bonaerense, fuerzas federales, Patrulla Municipal, jueces y fiscales aparecen dentro del esquema que el intendente pretende coordinar. Montenegro buscó evitar la clásica discusión sobre qué nivel del Estado tiene competencia y planteó que, frente a un vecino víctima de un delito, explicar el organigrama no alcanza. La cuestión será comprobar si esa coordinación puede traducirse efectivamente en resultados. 

En ese punto vuelve a cobrar relevancia la dimensión política de su discurso. La aparición de Abad y Carrancio no  es inocente. Uno representa una pata radical que forma parte del entramado político local y provincial, el otro, una fuerza que gobierna la Nación y que tiene cada vez mayor peso en el escenario bonaerense. En medio de una relación compleja entre PRO, UCR y LLA, Montenegro parece necesitar mantener abiertos distintos canales para garantizar gobernabilidad y recursos frente a los problemas que tiene por delante. La foto política del regreso también empieza a dibujar el mapa con el que pretende llegar a 2027.

La seguridad puede convertirse justamente en el punto de encuentro de esa eventual triada. Montenegro necesita resultados en el territorio; Abad conserva capacidad de articulación política; y Carrancio puede funcionar como un puente con el Karinismo nacional en momentos en que el Municipio reclama recursos y presencia de las fuerzas federales. No se trata solamente de nombres mencionados en una conferencia, ya que en la política las referencias también ordenan expectativas y construyen alianzas. Y el intendente parece necesitar de todas las herramientas disponibles para atravesar una etapa que promete ser particularmente compleja.

Mientras tanto, el regreso de Montenegro también deja una incógnita puertas adentro del Municipio. Agustín Neme, quien durante los últimos 10 meses ocupó el sillón de la Intendencia, volvió formalmente a su banca de concejal, aunque tomó licencia hasta el 16 de octubre. Su futuro político inmediato todavía no está del todo claro. La duda pasa incluso por si finalmente regresará al recinto o si continuará vinculado al Ejecutivo bajo otra modalidad. Después de diez meses al frente de la administración municipal, su eventual vuelta al Concejo podría convertirse en un blanco político fácil para la oposición, que tendría a mano cada decisión, cada problema y cada resultado de su interinato para utilizarlo como argumento.

El desafío de Montenegro no será simplemente completar el mandato hasta 2027, sino recuperar capacidad de conducción en cada uno de esos frentes. La estrategia parece empezar a delinearse, la seguridad como bandera, inversión privada como respuesta económica y una construcción política que busca apoyarse en distintas terminales. Después de diez meses de interinato y con buena parte de los problemas todavía abiertos, Montenegro vuelve al centro de la escena. Ahora deberá demostrar que tiene el control.

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