León XIV llegará al país y en territorio bonaerense se concentrará uno de los principales desafíos logísticos, con una movilización multitudinaria y la participación de la Provincia en la organización. La visita también se producirá en medio de la fuerte tensión entre el Gobierno de Javier Milei y Axel Kicillof, y con una Iglesia que mantiene diferencias con el rumbo del Ejecutivo nacional.
La llegada de León XIV a la Argentina tendrá una dimensión que excede ampliamente la agenda religiosa. Su visita se producirá en un escenario político atravesado por la confrontación entre el Gobierno de Javier Milei y la administración de Axel Kicillof, con la Provincia de Buenos Aires convertida en uno de los principales escenarios de disputa política del país.
El Papa permanecerá en la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre y visitará Buenos Aires, Córdoba y Luján. En la ciudad bonaerense estará uno de los puntos centrales de su recorrido: la Basílica de Nuestra Señora de Luján, principal centro de peregrinación mariana del país. La confirmación generó entusiasmo entre las autoridades locales. El intendente Leonardo Boto definió el acontecimiento como histórico y destacó el lugar de Luján como “corazón espiritual de la Nación”.
Pero detrás de la dimensión religiosa aparece una pregunta política inevitable: ¿qué hará la dirigencia argentina con la presencia del Papa?
El antecedente inmediato es precisamente el de Francisco. Durante sus doce años de pontificado, Jorge Bergoglio nunca regresó a la Argentina, pese a que manifestó en reiteradas oportunidades su deseo de hacerlo. Distintas reconstrucciones coinciden en señalar que uno de los principales obstáculos fue el temor a que una visita al país quedara atrapada en la polarización y fuera utilizada por los distintos sectores políticos.
La situación resulta particularmente significativa porque Francisco había mantenido vínculos con presidentes de signos políticos diferentes -Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei- y cada uno de sus gestos podía ser interpretado en clave partidaria. En el caso de Milei, además, existió una historia de fuerte confrontación discursiva antes del posterior acercamiento entre ambos.
La llegada de León XIV ocurre, entonces, bajo una lógica diferente. El nuevo Papa sí decidió venir, pero lo hará en una Argentina donde la grieta continúa vigente y donde el enfrentamiento entre Nación y Provincia atraviesa buena parte de la agenda política.
La visita también tendrá como telón de fondo el vínculo entre el Gobierno nacional y la Iglesia Católica. Aunque ambas partes han procurado bajar el nivel de confrontación institucional ante la llegada del Pontífice, las diferencias de fondo permanecen.
Durante la gestión de Milei, la Iglesia argentina expresó críticas reiteradas sobre la situación de los sectores vulnerables, los jubilados, las personas con discapacidad, el desempleo y el impacto social de las políticas de ajuste. En mayo de este año, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, reclamó ante el propio Presidente mayor compromiso con los sectores más pobres y llamó a abandonar la polarización.
La Conferencia Episcopal también cuestionó los recortes que afectan a los adultos mayores y advirtió sobre un “abandono silencioso” de quienes dependen de medicamentos y asistencia.
No se trata, por lo tanto, de una Iglesia enfrentada al Gobierno únicamente por cuestiones doctrinarias. Existe una diferencia concreta sobre la concepción del Estado, la protección social y el modo de enfrentar la pobreza. La propia Pastoral Social volvió a plantear la necesidad de superar las polarizaciones y colocar el bien común por encima de los intereses sectoriales.
El nuevo Papa aparece asociado a una agenda que incluye justicia social, pobreza, empleo, dignidad humana, diálogo y rechazo a la violencia verbal. Son temas que, inevitablemente, pueden generar incomodidad en un Gobierno que construyó buena parte de su identidad política alrededor de una fuerte confrontación discursiva.
En ese escenario, la participación bonaerense en la organización del viaje adquiere una relevancia política propia.
El gobierno de Kicillof había reclamado públicamente participar de la coordinación de la visita. Finalmente, el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, participó de una reunión junto a funcionarios de Nación, Ciudad de Buenos Aires y Córdoba. La mesa comenzó a delinear aspectos vinculados con seguridad, logística, comunicación y organización de los actos.
El dato no es menor: en un momento de máxima tensión entre Kicillof y Milei, la visita de León XIV obligará a ambas administraciones a trabajar conjuntamente.
Bianco anticipó que la Provincia tendrá un papel central en la organización del evento en Luján y estimó una movilización de entre dos y tres millones de personas. Seguridad, salud, hidratación y atención de los peregrinos quedarán bajo coordinación bonaerense.
Carlos Bianco - ministro de Gobierno
Pero el ministro de Gobierno no se quedó en la dimensión logística. En diálogo conLa Tecla, vinculó la llegada del Pontífice con la posibilidad de abrir un espacio de distensión en medio de la disputa política nacional.
“Ojalá que sirva para aquietar las aguas”, planteó Bianco y sostuvo que la visita podría contribuir a “generar alguna conciencia” sobre lo que implica gobernar un país. En ese sentido, marcó una definición que se conecta directamente con la mirada que el gobierno bonaerense sostiene sobre el rumbo de la administración de Milei: “tener una macroeconomía ordenada”,pero“fundamentalmente sostener la vida, sostener las circunstancias de las personas, del pueblo”.
La declaración adquiere especial peso por el escenario en el que se produce. Bianco no plantea que la visita pueda resolver las diferencias entre Nación y Provincia, pero sí deposita en la presencia del Papa una expectativa de moderación del clima político y, al mismo tiempo, introduce en el debate la cuestión social.
Es allí donde la visita de León XIV puede convertirse en algo más que una tregua protocolar. El eventual mensaje del Pontífice sobre pobreza, trabajo, dignidad humana, justicia social o convivencia puede ser leído en clave argentina por los distintos sectores y convertirse en un elemento más de la disputa política.
Francisco y León XIV antes de ser pontífices en Argentina
La Provincia, además, tendrá una responsabilidad concreta sobre el terreno. Bianco señaló que se espera una movilización de entre dos y tres millones de personas y que el operativo involucrará a las áreas de Seguridad, Salud, Gobierno y la Jefatura de Asesores, además de organismos encargados de disponer postas de hidratación y servicios para los peregrinos.
Así, la visita genera una paradoja política: Milei y Kicillof, enfrentados en casi todos los grandes debates de la agenda nacional, deberán coordinar durante esos días un operativo de dimensiones extraordinarias. La administración bonaerense tendrá un rol territorial imprescindible, mientras que el Gobierno nacional conservará la centralidad institucional de la visita.
El oficialismo puede presentar cualquier llamado al diálogo o a la convivencia como un respaldo a la necesidad de superar la confrontación política. La oposición, en cambio, puede encontrar en un eventual mensaje sobre pobreza, trabajo, jubilados o justicia social argumentos para cuestionar el rumbo económico del Gobierno.
La propia Iglesia tampoco parece interesada en convertirse en un actor partidario. Su estrategia durante la gestión de Milei ha sido formular críticas sobre las consecuencias sociales de determinadas políticas sin asumir formalmente el papel de oposición política. Esa diferencia es importante: los obispos pueden cuestionar el modelo económico sin constituirse en un espacio electoral opositor.
En ese sentido, la visita puede convertirse en una fotografía excepcional de la Argentina actual: un Presidente y un gobernador enfrentados, obligados a coordinar un operativo conjunto para recibir a un Papa cuya Iglesia mantiene diferencias profundas con parte de las políticas oficiales.
Por lo pronto, todo indica que durante algunos días habrá una tregua. La verdadera disputa comenzará después: la pelea por interpretar qué quiso decir León XIV y a quién estuvo dirigido su mensaje.
Carlos Fara: "Va a ser una instancia de tregua política"
El analista político definió a la visita de León XIV como una "tregua política" acotada, que no debe confundirse con un gesto de reconciliación entre los sectores enfrentados. "Va a ser una instancia de tregua política, ¿no? Teniendo en cuenta que nadie va a querer quedar mal con el Papa", señaló, aunque anticipó que "va a haber algunas avivadas, algunos intentos de llevar agua para su molino, de hacer la lectura que cada uno le favorezca".
Carlos Fara
Fara explicó que esa tregua responderá más a las indicaciones de la propia Iglesia que a una voluntad política genuina de acercamiento: "No creo que haya las indicaciones que seguramente dará la Iglesia respecto de llevar la fiesta en paz, dar la convivencia, no para que hagan ningún gran gesto de unidad nacional ni nada por el estilo, sí, pero para que permitan el ámbito y la presencia del Papa".
Consultado sobre si la visita podría distender el vínculo entre Nación y Provincia, fue categórico: "Creo que vamos a ir a una tregua, creo que todo el mundo va a respetar una situación excepcional, sobre todo después de la no venida de Francisco". Y agregó, sobre el nuevo pontífice: "Todos sabemos que el nuevo Papa está un poco en la línea de Francisco, entonces seguramente también tendrá su lectura. Pero no creo que vaya a modificar el clima político post viaje del Papa, sinceramente".
Sobre la relación entre el Gobierno nacional y la Iglesia, tensa desde el inicio de la gestión de Javier Milei, el analista sostuvo que ambas partes optaron por bajar el tono de cara a la visita: "Creo que están llevando la fiesta en paz. Me parece que las dos partes le pusieron paños fríos al fomento del conflicto; tienen sus diferencias filosóficas, evidentemente, pero nadie quiere tirar de la cuerda más de la cuestión". Fara diferenció, sin embargo, el plano institucional del personal: "Una cosa son las diferencias filosóficas y los gestos institucionales o protocolares, y otra la relación más personal que el propio Milei tiene con algunas autoridades de la Iglesia nacional. Ahí la relación es un poco más distante en la superficie y menos distante en el fondo".
Finalmente, anticipó una disputa por la apropiación simbólica del mensaje papal, aunque con matices según el actor: "Sospecho que una cosa será la actitud de Kicillof, y me parece que es distinto de algunos otros personajes que no tienen una responsabilidad institucional, como Grabois, que claramente ha tenido una postura muy profrancisco. No tienen una responsabilidad institucional, con lo cual tampoco se van a sentir obligados a ser demasiado condescendientes con el clima de tregua".
El papa en Argentina, también en tiempos de odio hay lugar para un mensaje conciliador *Lisandro Sabanés
Aunque todavía no está confirmada la agenda oficial, se aceleran los preparativos para la visita del Papa León XIV a la Argentina y empiezan a trascender detalles; por ejemplo, que además de Buenos Aires visitará Luján y Córdoba, así como la posibilidad de que visite la cárcel de Devoto y el Cottolengo Don Orione, en línea con la prédica y la práctica de su antecesor, nuestro compatriota Francisco.
¿Pero qué se puede esperar de la visita del Papa, la primera en casi 40 años luego de la que realizara Juan Pablo II en 1987?
En principio hay que considerar, más allá de que afecte nuestro ego, que la escala en la Argentina (como en Uruguay) es complementaria de la visita principal, que será a Perú. Allí estará seis días —el doble que en nuestro país—, lugar donde Robert Prevost desarrolló la mayor parte de su vida sacerdotal, al punto tal que tiene la ciudadanía peruana además de la estadounidense nativa.
También es interesante entender que León XIV no es (o al menos no lo es aún) un pontífice popular en la Argentina como lo era Francisco o como lo fue Juan Pablo II, ambos muy carismáticos y muy bien insertados en el universo mediático de sus respectivas épocas.
León XIV está dando los primeros pasos de su pontificado. La visita a Sudamérica será la primera al continente y tendrá lugar luego de que, en la sede de UNICEF en París, presente su encíclica Magnifica Humanitas, centrada en la dignidad humana en tiempos de inteligencia artificial. Con ella se ha posicionado en el escenario global como la contraparte de quienes promueven el avance sin regulaciones de la IA, entre ellos el gobierno argentino.
No es este el único tema en el cual hay visiones contrapuestas con nuestro presidente. León XIV, como lo hicieron con mayor o menor énfasis todos sus antecesores desde León XIII en 1891, promueve la Doctrina Social de la Iglesia como herramienta de discernimiento y praxis para la realidad mundial.
La DSI se sostiene en principios como el destino universal de los bienes (respetando la propiedad privada, pero subordinándola a este), la dignidad humana, la justicia social, las jornadas de trabajo y salarios equilibrados, y el principio de subsidiaridad: que la sociedad civil resuelva los conflictos locales con la colaboración del Estado, pero sin su interferencia. Todos son conceptos hoy ajenos al discurso oficial en la Argentina.
No se privará tampoco León XIV de cuestionar la polarización política y los discursos de odio, pero tampoco dejará de mencionar la importancia de la familia ni de rechazar lo que su antecesor denominó quirúrgicamente como la «cultura del descarte». Esta incluye no solo a los marginados por cuestiones materiales o condenas penales, sino también a los niños que la Iglesia considera víctimas del aborto y a los ancianos que sufren el abandono y la emergente práctica de la eutanasia. Es posible también que dedique un párrafo a un debate que crece en el país: la maternidad subrogada o alquiler de vientres, una práctica comercial que la Iglesia, por supuesto, condena.
Por lo demás, la larga tradición papal en materia de viajes apostólicos es evitar las confrontaciones directas. Es muy posible que el público que acuda a ver y a escuchar a León XIV esté conformado sobre todo por católicos practicantes e integrantes de instituciones eclesiásticas, ávidos de un mensaje más espiritual que político.
En definitiva, como ocurrió en España, habrá palos y zanahorias para ambos lados de la grieta, que seguramente sentirán o dirán que los garrotazos son para los otros y los reconocimientos para ellos.
Y aquellos que no se sienten parte de la polarización que hegemoniza la política argentina tendrán la posibilidad de escuchar el mensaje conciliador de un líder mundial que también es parte de esta época, aunque no sintonice con los extremos hoy en auge en Occidente. En síntesis, a pesar de las diferencias y de los temores del gobierno, probablemente no habrá escaladas. Tampoco quienes sigan la visita modificarán sustancialmente sus puntos de vista sobre la realidad a partir de ella.
En ese marco, a la inversa, también es infundada la idea que anida en sectores opositores de que la visita de León XIV legitima al gobierno. Pudo haber sido esta una lectura apropiada con una eventual visita de Francisco que, tal vez por eso, nunca se dio.
La legitimidad del gobierno argentino tiene por ahora más que ver con la salvación del bolsillo que con la de las almas.
*Lisandro Sabanés. Licenciado en comunicación social y maestrando en RRII.
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